La economía se sigue frenando y los mercados siguen cayendo

Los mercados cayeron en las principales plazas del mundo marcando mínimos en varios meses, lo que debilitó a las monedas asociadas al crecimiento que prolongaron su caída y beneficio al yen. Sin embargo fue el  franco suizo, la moneda  de mejor desempeño. El euro consiguió más aire y prolongó su recuperación frente al dólar y rebotó contra el resto de las divisas. En el mercado cada moneda parece tomar su propio rumbo.
 
 

Se nubla el panorama
 

Los temores sobre la recuperación de la economía mundial, profundizados por débiles datos económicos de distintas regiones ayudaron al mal momento que se vive en los mercados, que profundizaron su caída y se alejaron de los máximos alcanzados en el 2010. Aún no hay no hay un pánico generalizado, ni es necesario que vayamos hacia él. Lo que sí esta claro, que el actual momento es bajista para las acciones y que para cambiar necesitarán que los datos en julio comiencen a dar mejores señales o que al menos no continúen empeorando. Esto, sumado a los planes de ajuste anunciados en Europa y a la sensación de que hasta China estaría frenando su crecimiento, colaboran para profundizar las bajas.
En la pasada semana se conoció una caída en la confianza del consumidor y débiles datos del mercado laboral, que no alcanzaron a ser opacados por una mínima suba en el precio de las viviendas, ni por buenos datos de sentimiento económico en Europa. La esperanza en el mediano plazo radica en los resultados corporativos
 
 

El Franco Suizo le gana al Yen
 

En el mercado de divisas las monedas que funcionan como refugio estuvieron entre las de mejor desempeño. Esta vez la sorpresa la dio el franco suizo que rindió más que el yen y el dólar, marcó nuevos máximos históricos frente al euro y en meses frente a las monedas ligadas a commodities. La decisión del banco central suizo de dejar de intervenir en los mercados abrió las puertas hacia una mayor apreciación en el cruce con el Euro (caída en gráficos del EURCHF) y sus efectos se sintieron en el resto de los pares. Frente al dólar, el franco sumó su cuarta semana consecutiva con ganancias (y ganó terreno en 13 de las últimas 14 sesiones), se sigue aproximando rápidamente a la zona de paridad y sigue con momento a favor. Los elevados niveles de sobreventa en distintas temporalidades, son de los pocos argumentos a favor de una suba en el dólar para las próximas sesiones.  

         El yen fue la moneda que le siguió en el podio y cerró por segunda vez en 14 años una semana por debajo de 88.00 contra el dólar (USDJPY). Sin embargo son pocos los analistas que hablan de un yen mucho más alto, alcanzando nuevos máximos en 14 años (pero si con una probable caída hasta 86.00) . En niveles como el actual comienzan a escucharse las palabras de políticos japoneses hablando mal sobre el tipo de cambio. La aversión al riesgo sigue siendo un factor clave en este cruce. La semana que pasó se sumó que la mayoría de los datos débiles vinieron de Estados Unidos, debilitando aún más al cruce.

         Esto último también hizo que el dólar tenga un moderado rendimiento pese a la caída en los mercados. Si bien se apreció con fuerza frente a la divisa australina, la canadiense y la de Nueva Zelanda, cayó fuertemente contra  las europeas.

         Señales de menor tensión en los mercados financieros en Europa tras una menor demanda de fondos hacia el Banco Central Europeo y colocaciones de deuda exitosas fueron argumentos suficientes, que sumandos a la baja en el crecimiento de EE.UU., impulsaron a las divisas europeas.

         La duda es cuán sustentables pueden ser estos recorridos alcistas en el mediano plazo, principalmente en el euro y la libra. Por un lado la crisis de Grecia aún no pasó. El paquete anunciado fue un parche y es el tiempo el que dirá si fue suficiente como para que el país camine por si solo, sin que las finanzas públicas necesiten un respirador artificial. La deuda sigue siendo tan elevada como antes del anuncio de la ayuda y la posibilidad de contagio sigue latente. Esto último es la mayor amenaza para el Euro, ya que Grecia es un país chico, pero de propagarse la situación, el tamaño de las economías involucradas aumentaría considerablemente.

         En el corto plazo es cierto que la repentina suba del euro contra el dólar (EURUSD) obligó a muchos analistas a cambiar sus pronósticos (más positivos para el euro); pero aún no se oyen voces que hablen de una apreciación en el mediano a largo plazo, por el contrario, la mayoría sigue apuntando a una mayor depreciación.

Un aspecto que caracterizó notablemente al mercado de divisas, al de acciones y al oro es que por primera vez en mucho tiempo cada activo pareció moverse bajos sus propias reglas y en sus propios tiempos. El euro subió cuando la bolsa en EE.UU. caída; el oro se desplomó en  soledad; un día la libra subió y el euro cayó y al siguiente se dio al  revés; por mencionar algunos eventos. En definitivas se perdió cierta sintonía que se veía en el mercado y se apreciaron movimientos a los que estábamos poco acostumbrados a ver.
 
 

¿Más acción en los bancos centrales?
 

Esta semana Australia, Inglaterra y el Banco Central Europeo decidirán sobre política monetaria. No se aguardan cambios en los lineamientos y se espera una pausa en el ciclo alcista en Australia. Los precios de las respectivas divisas se moverán al compás de lo que se espera en los respectivos anuncios y en las medidas efectivas.

         En Europa no se esperan cambios producto de la crisis que se vive, escenario que no es propicio para una suba. Las compras que viene realizando el BCE de bonos de los denominados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) vienen a tasa lenta y son varios los que piden por un aumento de las compras. Esto por un lado beneficiaría al euro ya que sería una medida para fomentar la alicaída economía y brindaría apoyo a los bonos de dichos países. Pero por otro lado, sería reconocer un agravamiento de la situación y la necesidad de profundizar medidas extraordinarias.

En Inglaterra, se habla de subir las tasas para luchar contra la inflación y también al mismo tiempo, de aumentar la expansión monetaria si llegasen a  producirse shocks deflacionarios.

         En definitiva, el futuro está nublado y aún se necesita más luz para salir del túnel.
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